Higüey a oscuras de Energía y de Datos: lo que revela y lo que calla el Plan de EDEESTE
Dos tercios de la energía comprada en La Altagracia se pierden, y la solución de fondo no llega antes de 2027, por lo menos la parte técnica, el gran problema de la energía NO FACTURADA, bien gracias

Nota: basado en la presentación que tuvimos acceso realizada por ejecutivos EDEESTE
Por Henry Castillo Guerrero, HConsulting
EDEESTE presentó a la comunidad higüeyana su plan para transformar el servicio eléctrico de La Altagracia entre 2026 y 2028. Los propios números de la distribuidora muestran una provincia que pierde entre 67 % de la energía que compra y recupera apenas 38.6 % de sus ingresos potenciales, mientras que el 74 % de la inversión anunciada —RD$1,664.8 millones— depende de un proyecto que aún “está en estructuración” y no arrancaría antes de marzo de 2027. La gran ausente de la presentación es la propia comunidad: no hay una sola cifra sobre su compromiso o participación en la solución.
EDEESTE llevó a comunitarios y sociedad civil de Higüey los números de una empresa que reconoce, en sus propias láminas, un problema de fondo: en los últimos doce meses, la provincia compró 50.95 GWh de energía y solo facturó 16.84 GWh. El resto —34.10 GWh, el 66.94 % del total— se perdió en el camino. La distribuidora cobra el 91.72 % de lo que factura, una cartera de clientes relativamente disciplinada, pero su índice real de recuperación de ingresos (CRI) es de apenas 38.60 %. La brecha entre ambos números es la verdadera historia: el problema no está tanto en quién paga, sino en cuánta energía nunca llega a facturarse, por sobrecarga de redes, conexiones irregulares o fraude.
La red que sostiene a los 71,523 clientes activos de la provincia ya muestra signos de fatiga: seis de sus diecisiete circuitos y dos de sus siete transformadores operan hoy en estado crítico. La demanda está prácticamente cubierta (98.63 %), pero la infraestructura que la reparte no. Y ese riesgo es actual, no futuro.
El plan que EDEESTE presenta como respuesta —RD$2,262 a RD$2,268 millones en 21 proyectos, según la lámina que se consulte— tiene una arquitectura desigual. Los horizontes 1, 2 y 3, que suman apenas el 26.4 % de la inversión, ya están en marcha o con ingeniería lista. Pero el verdadero peso del plan, el 73.6 % de los recursos y las únicas metas concretas de reducción de pérdidas (de 52 % a 15 %), recae en el Horizonte 4: dos grandes proyectos —HI6901B-BM3 y HI3804-CAF— que la propia empresa describe como “en estructuración”, sin fecha de arranque anterior a marzo de 2027 y con una ventana de ejecución de 21 meses.

Pérdidas de energía, cobros y recuperación real de ingresos en La Altagracia (%). Fuente: EDEESTE, presentación a la comunidad de Higüey, agosto 2026.
Es decir: la parte del plan que de verdad resolvería el problema estructural de La Altagracia todavía no tiene ingeniería definitiva ni cronograma firme. Mientras tanto, la provincia deberá sostener, durante al menos año y medio o dos, una red vulnerable con la mitad de sus pérdidas explicadas por factores que la sola inversión en cables y subestaciones no resuelve.
Y ahí aparece el vacío más llamativo de la presentación. Convocada para “dialogar con comunitarios y la sociedad higüeyana”, la exposición de EDEESTE no incluyó una sola cifra sobre percepción ciudadana, participación comunitaria o cultura de pago. Reducir las pérdidas de 52 % a 15 % no depende solo de subestaciones nuevas: depende de que miles de higüeyanos dejen de robar energía, regularicen sus conexiones y denuncien el fraude en su entorno. Ese componente —el más barato de construir y el más difícil de lograr— no apareció en ninguna lámina.
La transparencia de EDEESTE al mostrar sus indicadores críticos es un paso que merece reconocerse. Pero un plan que reserva sus tres cuartas partes para un proyecto “en estructuración” y omite por completo el papel de la ciudadanía corre el riesgo de convertirse en una promesa de largo plazo sin una hoja de ruta de corto plazo que la sostenga. Higüey necesita ambas cosas: la obra física y el compromiso social que la haga sostenible.