Haivanjoe Ng Cortiñas sostiene, con datos oficiales, que el crecimiento de la economía no se ha traducido en una mejoría proporcional de la capacidad de compra de los hogares dominicanos.
Por la Redacción
SANTO DOMINGO, R.D. — Si hoy vas a comprar los útiles escolares, los encuentras más caros. Si vas al supermercado o colmado, también pagas más por la comida. Y cuando metes la mano en el bolsillo para pagar, descubres que el dinero no alcanza como antes, expresó el secretario de Asuntos Económicos de la Fuerza del Pueblo.
El economista Haivanjoe Ng Cortiñas, en rueda de prensa, responde a esa pregunta a partir de los propios datos oficiales y plantea una conclusión que contradice el relato de éxito económico que promueve el gobierno: la economía ha crecido, pero ese crecimiento no se ha traducido en una mejoría proporcional de la vida de la mayoría de los dominicanos.
“La pregunta no es solamente cuánto creció la economía. La pregunta es cuánto de ese crecimiento llegó al bolsillo de la gente”, sostuvo Ng Cortiñas.
La economía creció, pero la comida se comió el aumento
Entre agosto de 2020 y julio de 2026, la inflación de los alimentos acumuló un aumento de 48 %, mientras que los útiles escolares registraron un incremento acumulado de alrededor de 32 % durante el mismo sexenio.
Al mismo tiempo, cerca del 70 % de los trabajadores dominicanos, correspondientes a los segmentos de menores ingresos, no genera por sí solo suficiente dinero para cubrir el costo de la canasta básica del quintil más pobre, que actualmente ronda los RD$30 mil mensuales.
“No es que esas familias no vieran subir su ingreso. Es que lo que ganaron de más no les alcanzó ni para sostener lo mismo que ya compraban antes. La comida se comió el aumento”, explicó Ng Cortiñas.
La presión sobre los hogares aparece también en el endeudamiento.
Las tarjetas de crédito de consumo crecieron 40 %, mientras los préstamos de consumo aumentaron 25 % en el tramo analizado, ambos por encima del crecimiento acumulado del PIB nominal, de 16,75 %, durante ese mismo período.
“Cuando el endeudamiento familiar crece más rápido que la economía, no es necesariamente una señal de optimismo. También puede mostrar que las familias están recurriendo al crédito para llegar a fin de mes”, señaló el secretario de Asuntos Económicos de la Fuerza del Pueblo.
Más impuestos, vivienda más cara y menos capacidad de compra
Los ingresos fiscales tributados por consumidores y empresarios al Gobierno Central pasaron de representar 14,35 % a 15,80 % del PIB entre 2020 y 2026, lo que equivale a un aumento de 1,45 puntos porcentuales del tamaño de la economía.
Mientras tanto, construir y financiar una vivienda se hizo más costoso para las familias: el costo de construcción registró un incremento de 33,8 %, mientras la tasa de interés hipotecaria aumentó cerca de un punto porcentual desde agosto de 2020.
“El ciudadano no vive la economía a través del PIB. La vive cuando compra comida, paga el colegio, paga la vivienda, utiliza su tarjeta y llega al final del mes”, afirmó Ng Cortiñas.
¿Y cuánto creció realmente la economía?
El crecimiento promedio durante los seis años fue de apenas 3,43 % anual hasta junio de 2026.
“Eso no es una economía despegando. Es una economía moviéndose en forma de zigzag: un año de aceleración seguido de uno de frenazo, sin lograr dos años consecutivos de crecimiento sostenido”, sostuvo Ng Cortiñas.
Los datos muestran que casi siete de cada diez deciles de la población dominicana no cubren con el ingreso de los trabajadores el costo de la canasta correspondiente al quintil más pobre, que asciende a RD$29,662 al mes, mientras nueve de cada diez no alcanzan siquiera a cubrir la canasta nacional promedio, que cuesta RD$49,613 al mes.
Más deuda y más déficit: el otro lado del crecimiento
La deuda del Gobierno Central pasó de US$39,178 millones en agosto de 2020 a US$67,371 millones en julio de 2026, un incremento de 71,96 %, equivalente a US$28,193 millones adicionales.
El déficit fiscal pasó de -2,63 % del PIB en 2021, el mejor año del ajuste posterior a la pandemia, a -3,50 % en 2026. Mientras tanto, el gasto del Estado aumentó 56 % en pesos nominales entre 2020 y julio de 2026, y como proporción del PIB pasó de 18,6 % en 2021 a 19,4 % en 2026, sin considerar el gasto excepcional de la pandemia de 2020.
“El Estado no se hizo más pequeño ni más barato. Se hizo más grande, más endeudado y con un déficit que va en dirección contraria a la que el discurso oficial quiere hacernos creer”, puntualizó Ng Cortiñas.
“No hay dinero”: esta vez los datos también hablan
Los datos del Banco Central muestran que el efectivo en manos del público aumenta normalmente en diciembre, impulsado por la regalía pascual y los bonos navideños, y disminuye posteriormente cuando esos recursos regresan al sistema bancario.
Entre diciembre de 2025 y julio de 2026, el efectivo en manos del público disminuyó un 8,54 %, frente a caídas de 4,89 % en el mismo período de 2023-2024 y de 5,31 % en 2024-2025.
“El efectivo que la gente tuvo en sus manos se contrajo esta vez con más fuerza que en ciclos comparables. Eso coincide con lo que la gente está reportando que siente en su bolsillo, que hay poco circulante en la calle”, señaló Ng Cortiñas.
El dato que resume seis años de gobierno
Mientras la participación del gasto social dentro del gasto público cayó de un 47,85 % en 2021 a un 41,9 % en el primer semestre de 2026, la participación del servicio de la deuda pública aumentó de un 17,5 % a un 23,3 % durante el mismo período.
En el primer semestre de 2026, el Estado dominicano pagó más en intereses de la deuda que en salud y protección social combinadas.
“Ahí está el sexenio resumido en dos líneas que se cruzan. Una baja: lo que el Estado invierte en la gente. La otra sube: lo que el Estado les paga a los tenedores de bonos”, afirmó Ng Cortiñas.
“No estamos diciendo que no hubo crecimiento. Lo hubo. Lo que estamos documentando, con la fuente más difícil de rebatir que existe, que son los propios datos oficiales, es que ese crecimiento no se tradujo en que la gente viva mejor”.
Y concluyó: “Se tradujo en más deuda, más intereses pagados y un Estado que le cuesta más al contribuyente, sin que el contribuyente sienta que recibe más a cambio”